Parto en casa: un debate sobre derechos reproductivos que llega al Congreso

El proyecto establece, entre otras cosas, que el sistema de salud cubra los gastos de esta modalidad. Las parteras del país expresan que no pueden reglamentar esta materia sin tenerlas en cuenta a ellas, quienes llevan siglos en esta labor con multiplicidad de conocimientos.

Vuelve al Congreso una discusión que afecta directamente los cuerpos de la mitad de la población. En diciembre de 2020 aterrizó en el Congreso un proyecto de ley que busca regular el parto en casa, una labor que se realiza siglos atrás pero que no es reconocida por el Estado colombiano como una práctica para que las mujeres embarazadas den a luz. Ahora, la iniciativa está a la espera de que, en marzo, los parlamentarios la prioricen en la agenda para iniciar su trámite. Las parteras aún no tienen un consenso sobre la necesidad de regularlo y, aunque algunas reconocen los beneficios de que la discusión se dé, están haciendo una exhausta revisión por los asuntos históricos y sociales tan hondos del tema. Recalcan en que deben ser tenidos en cuenta a la hora de discutir esta propuesta porque si bien no hay una norma que prohíba o promueva el parto en casa, argumentan que viven una sanción social por parte del sistema de salud.

Antes de que el Capitolio saliera a su tradicional receso legislativo, Juan Fernando Reyes Kuri, representante a la Cámara por el Partido Liberal, radicó esta iniciativa con el respaldo de 42 congresistas más, en su mayoría rojos, pero también algunos de la Alianza Verde, el Partido de la U y el Centro Democrático. Según Reyes Kuri, la intención de la propuesta es que el Estado garantice el parto en casa como una alternativa real, al alcance de todas las que decidan ser madres y que genere el entorno para que tomen decisiones libres sobre el lugar dónde parir.

“He venido trabajando con las libertades como en el proyecto de la eutanasia, del uso adulto del cannabis, de eliminar las causales de divorcio, y ahora este que es un impulso orientado a las libertades de las mujeres. Llegué a la idea por una conocida que me comentó que había tenido a su hija en la casa, pero que en el proceso para registrar su nacimiento se encontró con una cantidad de complicaciones. Ahí empezamos a indagar”, contó el autor de la iniciativa. Los problemas a los que hace referencia el congresista son los que se derivan de que la partera no pueda emitir un registro de nacimiento, papel fundamental para que el recién nacido tenga un registro civil, sea inscrito en una EPS y reciba servicio prioritario.

El documento, que consta de 10 artículos, establece algunas novedades. Entre las más significativas, está que le confiere autorización a la partera para otorgar a los padres del recién nacido un certificado único que dé cuenta de su nacimiento, que sirva para registrarlo como persona viva, hija de sus progenitores, y como documento esencial para el reconocimiento de las licencias de maternidad y paternidad.

También establece que los costos derivados de la atención, cuidado y asistencia del parto deberán ser incluidos en el plan de salud que brindan las EPS. “Las instituciones prestadoras de servicios de salud, tienen la obligación de informar a la mujer gestante sobre la posibilidad de elegir el parto en casa como una alternativa científicamente viable y segura”, dice el proyecto.

Así mismo, plantea que las parteras no tradicionales, que las denomina como “matronas”, deberán constituir una póliza de responsabilidad civil. ¿Por qué? “En la discusión estaba la pregunta: ¿qué pasa cuando algo en el parto sale mal? Si la mujer siente que la matrona no tuvo el suficiente cuidado, o que actuó con negligencia, debe saber que puede reclamar por ello. Pensamos en la póliza para que haya alguien que responda en esos casos”, argumentó Reyes Kuri.

No obstante, el articulado de la iniciativa despertó preguntas en las parteras del país, una población con una caracterización amplia y diversa que reúne prácticas de parto en casa muy distintas y singulares, que difieren entre las no tradicionales y las tradicionales. Y para dimensionar el ancho espectro, tan solo estas últimas abarcan a las parteras de las distintos pueblos indígenas, como la muisca o emberá, y las afro, por mencionar algunas.

Por ello, la inquietud primordial de las mujeres especializadas en atender el alumbramiento desde casa es que cualquier proyecto que busque regular esta práctica debe contar con su mirada múltiple, algo que en la construcción de la propuesta no se tuvo en cuenta. “No realizamos socialización previa, pero ahora lo estamos haciendo para construir la ponencia de primer debate”, comentó Reyes Kuri.

Policarpa Prieto, miembro de la Fundación Mujeres Bachué y partera intercultural, conoce el proyecto y explicó su opinión: “El documento tiene una muy buena intención de que se reconozca el trabajo de la partería, que se deje de perseguir y estigmatizar. Pero no se puede regular sin contar con las parteras, sin que haya una convocatoria nacional”, dijo. Pietro fue una de las mujeres que conversó con la Unidad de Trabajo Legislativo de Reyes Kuri sobre la iniciativa y los ajustes que deben hacerse en aspectos como el respeto a todas las formas de partería.

Si bien el artículo cuatro puntualiza en que el proyecto “no interpretará ninguna de las disposiciones en perjuicio de las prácticas tradicionales”, ella expresó que falta conocimiento y claridad en ese aspecto para que efectivamente se aplique. “El proyecto plantea una guía de práctica clínica de parto en casa que debe expedir el Ministerio de Salud y que constituye los lineamientos generales que rigen a las parteras. Esto no es consecuente con la protección de la partería tradicional porque pretende universalizar una atención que está hecha de diferentes conocimientos”, enfatizó, haciendo alusión a la diversidad de matrices de pensamiento de los pueblos indígenas.

“El proyecto dice que el Ministerio de Salud promoverá la formación de matronas a través de programas académicos y de parteras tradicionales respetando los contenidos propios de su cultura. ¿Cuando hablan de capacitar, parten de que las parteras no tienen capacitación? Hay muchas formas y experiencias de partería. Debe ser una formación diferenciada, según la cosmovisión y el territorio”, añadió. De igual forma, recalcó en que la matronería, un concepto que aparece en el proyecto y que intenta diferenciar la partería no tradicional de la tradicional, estaría mal empleado puesto que es un modelo europeo que no se aplica en el país. “¿Con base en qué argumentan que Colombia necesita matronas cuando ya hay parteras?” insistió Prieto.

Raimy Ramírez, partera y miembro del movimiento de salud sexual y reproductiva, agregó que la regulación del parto en casa es necesaria, pero no puede negar las particularidades de los partos y del proceso mismo que adelantan las parteras con las familias. “Se puede llegar a negar procesos individuales de cada parto y cada partera. No es lo mismo una partera urbana que una campesina o tradicional. Regular la práctica es importante en tanto es una forma de reconocimiento y de avalarla dentro del sistema de salud. Sin embargo, cuando no es una autoregulación, sino una regulación externa, se pueden cometer errores y limitar el poder de decisión de las mujeres respecto a cómo quieren parir”, dijo.

Por ahora, la UTL del representante Reyes Kuri y varias parteras siguen en diálogo para ahondar en el abanico de posibilidades y conocimientos que es la partería en Colombia, y para convocar a mesas públicas de discusión de las que hagan parte más mujeres que se desempeñan en esta labor. Mientras eso pasa, no dejan de lado la importancia de que se tramite una propuesta de este tipo.

“Es importante un proyecto de estos para que no se persigan a las familias que quieren un parto en casa, que no se maltrate a la recién parida y que no se interrumpan los cuidados de los primeros 40 días en trámites para registrar al recién nacido. Solo en Bogotá hay seis notarías que permiten que cuando se realiza un parto en casa el bebé sea registrado con dos testigos, como prueba de que el hijo es de los padres. Otras piden evidencias del embarazo de la mujer, como fotos, ecografías. Pasa que cuestionan las decisiones de las mujeres, las amenazan con llamar al ICBF, poniéndolas en estado de estrés y angustia que complica, por ejemplo, la lactancia en el posparto. Por todo esto se necesita un proyecto, pero que cuente con la mirada de las parteras”, concluyó Policarpa Prieto.

Publicado en El Espectador

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